Tan frugal como era, Emilio Bienmejode se alimentaba de aceitunas: una en cada comida. Una para el desayuno, otra para el almuerzo y una última para la cena. En total, tres aceitunas; rellenas de anchoa los días de fiesta. Esto le permitía acometer los quehaceres diarios. Eso sí, como tantos otros, picaba entre horas: un bocadillo de panceta por aquí, una tortilla de camarones por allá.
Ya se sabe..., para matar el gusanillo.
miércoles, 6 de junio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario