Cuando fumio en el balcón, siento a menudo ganas de saltar.
Esta idea no tiene nada que ver con el suicidio ni con la visión privilegiada de un escote. Tiene más bien que ver con un deseo de la imaginación de ir más allá. ¿Más allá de qué? De un mundo que se presenta (ideológicamente) como clausurado ontológicamente.
No es, en suma, el deseo de acabar con todo o pasar a mejor vida, sino el sueño (viejo de la humanidad) de echarse a volar.
NOTA: el viejo Skinner decía que el pájaro no se va de la jaula porque quiera ser libre, sino porque quiere salir.
lunes, 23 de julio de 2007
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2 comentarios:
Pues los sueños hay que cumplirlos, chavalote.
¿No vivirás en un bajo? Porque te estás aquí irando el folio con lo de saltar por la ventana y no es lo mismo caer dieciseis pisos de altura que caer un metro diez de peto. Debería dar una información más exacta en sus comunicados.
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