Después de oír las razones para que nuestros jóvenes bachilleres pasen de curso con la mitad de las asignaturas suspensas, no basta ya con retirarles el saludo a los psicólogos y psicopedagogos. Hay que acabar con ellos a sablazos. Y no, no me refiero a pedirles dinero con cualquier excusa para luego, si te he visto no me acuerdo -lo que sería una forma efectiva de reducirlos a la pobreza-, sino a retarles en duelo y zanjar a espada las diferencias en materia educativa y moral.
He dicho.
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