Sikhander: quizá tú no lo recuerdes, pero una vez te dejé colgado. Fue hace doce o trece años, con ocasión de una Carrera por la Vida que organizaba la Comunidad de Madrid. Habíamos quedado varios de Provida para colocar unos carteles y reclamar el derecho a la vida de los nasciturus.
Tú llevábas el boudrier morado de PETZL y el mosquetón amarillo de seguridad de Toño. Portabas unas pancartas reclamando el derecho a la vida y rechazando el aborto. Te ataste a la driza con un nudo de ocho, lo pasamos por el mosquetón de la barandilla y yo comencé a descolgarte suavemente desde el suelo. Tú confiabas en mí y yo te dejé colgado - ahí, suspendido del puente, con los corredores pasando debajo de tí; jaleándote los menos, viéndote los huevos los más (llevabas pantalón corto).
Cuando por fin te bajamos parecías un guiñapo. Las piernas no te sostenían. No pudieron soportar que tus amigos te dejaran colgado cosa de tres horas de un puente de Madrid.
Eran otros tiempos. ¿Podrás perdonarme?
Tú llevábas el boudrier morado de PETZL y el mosquetón amarillo de seguridad de Toño. Portabas unas pancartas reclamando el derecho a la vida y rechazando el aborto. Te ataste a la driza con un nudo de ocho, lo pasamos por el mosquetón de la barandilla y yo comencé a descolgarte suavemente desde el suelo. Tú confiabas en mí y yo te dejé colgado - ahí, suspendido del puente, con los corredores pasando debajo de tí; jaleándote los menos, viéndote los huevos los más (llevabas pantalón corto).
Cuando por fin te bajamos parecías un guiñapo. Las piernas no te sostenían. No pudieron soportar que tus amigos te dejaran colgado cosa de tres horas de un puente de Madrid.
Eran otros tiempos. ¿Podrás perdonarme?
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